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El Mito de las Flores

Querida hija,

Quiero que leas esta carta cuando estés completamente sola.

El otro día me preguntaste cuál es nuestro propósito en la vida. Déjame contarte que ni siquiera los primeros humanos lo sabían. Es más, su origen parece ser simplemente una obra casual de la naturaleza. Pensar en todas las cosas que tuvieron que pasar para que esta especie llena de inteligencia surja, solo incrementa estas dudas. Déjame que te cuente…

Antes que nada, hablemos de las tres flores de las cuales se sospecha nacieron los primeros humanos. Estas aún se pueden encontrar hoy en día y son la Orchis Antropophora, que se encontraba solo en el Suroeste de Europa; la Impatiens Bequaertii, nativa de selvas tropicales del Este de África; y la Anguloa Uniflora, originalmente de selvas húmedas de las montañas de Sudamérica. Las Orchis Antropophora se convirtieron en los hombres, las Impatiens Bequaertii en las mujeres y las Anguloa Uniflora en los bebés de ambos sexos. Esta historia no es como las que se escuchan normalmente… No son solo un hombre y una mujer los primeros humanos, sino doce hombres, doce mujeres, seis bebés mujeres y seis bebés hombres.


Como ya te he mencionado, estas tres flores se encontraban en diferentes lugares del mundo y, para que se conviertan en humanos, el viento se encargó de reunir y plantar a algunas en el mismo lugar: el sudeste de África, región conocida como La Cuna de la Vida. Al siguiente día comenzó una terrible tormenta eléctrica que duró tres días. En el segundo día de la tormenta, la lava de Erta Ale, un volcán que se encuentra en la actual Etiopía (antigua Abisinia), comenzó a descender sobre esta reunión de flores, creando toneladas de roca sobre ellas. El último día de la tormenta, cayó un rayo justo en aquella zona cubierta de roca. Todo esto debió haber destruido las flores por completo, pero ese no fue el caso. Al siguiente día, salió el sol, más fuerte que nunca, creando un maravilloso arcoíris que pintaba todo el c

ielo. Las rocas comenzaron a romperse como cáscaras de huevo. Doce flores de cada una de estas plantas fueron entregadas el regalo de la libertad. Su aspecto cambió, permitiéndolas moverse, protegerse de depredadores y buscar alimentos. Los treinta y seis nuevos humanos abrieron sus ojos. Sabían exactamente lo que había sucedido, pero no tenían idea de por qué.

Existen otras flores parecidas a los humanos, pero te puedo asegurar que esas son solo coincidencias, pues nuestros ancestros pintaron cada detalle de las tres flores y de todo lo ocurrido. Se le encargó a una sola persona que continúe contando esta historia a sus descendientes; el resto debía guardar el secreto porque, a falta de mejores palabras, estos primeros humanos estaban muy aburridos y querían ver qué sucedía con las personas a las que no se les contaba su origen. De este experimento surgieron varias religiones y teorías en el futuro.

 

Después de un tiempo de vivir en La Cuna de la Vida, los hombres (Orchis Antropophora) extrañaban Europa, y habiendo crecido un poco, los Anguloa Uniflora, lograron contar que provenían de América y que fueron arrebatados involuntariamente de sus amadas montañas por el viento. Al saber que el mundo era más grande que Etiopía, los humanos estaban cansados de hacer exactamente lo mismo en el mismo lugar todos los días; les faltaba un propósito. En aquellos tiempos, los humanos estaban mucho más unidos a la naturaleza, por lo cual podían hablar con los animales (dejaré la historia de por qué ya no podemos hacerlo para otro momento). Los pájaros les contaron que existían cinco regiones más y decidieron ayudarlos a conocer cada una. Como esta primera tribu era muy unida, debatieron y llegaron a un acuerdo, aunque implicaba que no todos conseguirían volver a donde deseaban: en seis grupos, su especie se esparciría por todo el mundo. Así se crearon seis nuevas tribus formadas por dos familias cada una. Estas familias eran: un menor (Anguloa Uniflora) y dos mayores (Orchis Antropophora o Impatiens Bequaertii) para proteger al menor.

Los treinta y seis se despidieron. Un grupo se quedó en La Cuna de la Vida y los otros cinco fueron enviados al resto de regiones con el propósito de crear más diversidad y esparcir su especie por todo el mundo. Cada tribu se reprodujo en cada región; esto ya no se realizaba por polen ni semillas, sino por células especiales que tenemos los humanos (lo que los científicos han explicado como óvulo y espermatozoide). De esta manera lograron su propósito: se esparcieron por toda la Tierra y crearon muchísima diversidad.

Surgieron diferentes colores y formas de piel, ojos y cabello; aparecieron varios idiomas; etc. Se crearon diferentes costumbres y reglas en todos lados. Por ejemplo, en Alemania, la puntualidad es una de las “reglas” más importantes que sigue su población; sin embargo, en Ecuador es cultura general saber que, si te invitan a un evento a las cuatro, debes llegar a las cinco.

Para mí fue algo refrescante saber que tenemos una conexión tan fuerte con las flores. ¿Qué piensas tú? ¿no crees que son preciosas?

Por cierto, eres la primera entre tus primos en saber el secreto sobre nuestro verdadero origen y teóricamente es tu turno de guardarlo hasta que tengas tus propios hijos. No obstante, te diré lo que mi padre me dijo a mí. Gracias a la libertad que se nos otorgó el día de nuestro origen, todos podemos pensar de diferentes maneras. Así que, después de conocer esta historia, será decisión tuya lo que hagas en el futuro. Después de todo, el experimento de los primeros humanos ya se ha realizado durante miles de años. No creo que decepciones a nadie si revelas la verdad…

Te quiere mucho,

Mamá.

 

Autora: Valentina Abad Schneewind

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